viernes, 25 de marzo de 2011

El afilador

El afiladooooooooooooooooooooorrr !!!!!

Friuriiiiiiiiiiiii friuroooooooooooooo
Friuriiiiiiiiiiiii friuroooooooooooooo

Consuelo se despertó con el entrañable sonido de la pequeña ocarina del afilador. Mmm...hacía tiempo que no pasaba por aquí -- Se preguntaba.

Recordó que tenía unas tijeras que las iría bien un buen repaso, así que se asomó a la ventana de su habitación, sin reparar que estaba en ropa interior.

- ¡Eeeeh! ¡Oigaaaa! ... Aquí, si aquí. -- Consuelo les avisó, y les mostró su escultural pecho tan sólo oculto por un corsé amarillo.

El afilador y el mozo que le acompañaba localizaron de dónde provenía el grito y cuando lo hicieron se quedaron atónitos. Se miraron como imbéciles el uno al otro y de inmediato se sonrieron mutuamente como entendiendo el uno lo que quería el otro. Sin dilación el afilador respondió:

- ¡Ya va señora, no se preocupe que ya vamos!

Ya se estaban dirigiendo al portal de Consuelo cuando el mozo le dijo a su patrón:

- ¡Ha visto jefe! ¡Pero qué pedazo de melones que tiene!
- Calla chaval, que no te oiga... Te digo que esta quiere guerra.
- Si, si... pero esta vez me dejará estar, ¿no? -- El afilador era en realidad un golfo de primera. Sabía captar tales oportunidades en los que una hembra en celo necesitaba el calor de una buena verga. Pero Consuelo no era consciente de las pasiones que había desatado, por lo que lo tendría un poco más difícil.
- Ya veremos. Depende de que no digas ninguna canallada y me dejes hacer a mi primero.

En cuanto llegaron a la puerta, llamaron y salió Consuelo con bata hasta el cuello. El afilador y su mozo se decepcionaron ligeramente.

- Dígame, señora, ¿qué necesita? -- Preguntó el afilador
- Necesito que me afile unas cuantas cosas: unas tijeras, un cuchillo,...!Oh, cielo santo..! -- El afilador mientras tanto se había sacado su polla a medio crecer y se la estaba mostrando a Consuelo, sin previo anuncio.
- ¿Quiere que le afile el coño con esto, también? Tenemos una oferta especial, sólo hoy. -- Dijo el afilador, retando a la señora a contemplar su herramienta.
- Pero oiga, ¿qué se ha creido?
- Toque, toque,... si no le gusta nos largamos y listo, pero hombre no se enfade. -- E afilador sabía perfectamente que tocar la mercancía es clave para convencer al futuro cliente de que adquiera el "producto". EL afilador le tomó por la mano y se la acercó a so polla. Consuelo no pudo resistirse. Aquél hombre tenía algo magnético. Y no pudo evitar notar su calor. Y repentínamente, en un clic, se vio sumida en una situación irreconocible para ella. -- ¿Lo ve cómo le gusta? Ande, deje que le hagamos el trabajo, que no se va a arrepentir....

Y así fue cómo empezó todo. El resto, en las fotos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario