viernes, 1 de abril de 2011

El invernadero de la humedad y el calor (Tactile Erotico - Verbastimulu)

Mi Bárbara... sí, tú eres Bárbara... así te llamaré en adelante.
Tu secreto nombre que sólo tu y yo conoceremos, mientras nos adentramos en el océano de
sensualidad y perversión que nos espera.
Ven de mi mano e identifícate con tu nuevo nombre, y pronuncialo, para que sea real todo cuanto
leas.... Y se materialice.


Cheby Dirval

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Como buen amante de la botánica, no podía perderme en mi breve visita a aquella famosa ciudad por su jardín botánico ver esas maravillas de la naturaleza siendo cuidadas por las manos expertas de los que posiblemente fueran los mejores jardineros del mundo. Actualmente era invierno, por lo que el reino vegetal se encontraba adormecido hasta justo antes del inicio de la primavera, en donde, como cada año se iba a producir la explosión de vida que tanto o más milagrosa me parece año tras año.



Como buen amante de la botánica, no podía perderme en mi breve visita a aquella famosa ciudad por su jardín botánico ver esas maravillas de la naturaleza siendo cuidadas por las manos expertas de los que posiblemente fueran los mejores jardineros del mundo. Actualmente era invierno, por lo que el reino vegetal se encontraba adormecido hasta justo antes del inicio de la primavera, en donde, como cada año se iba a producir la explosión de vida que tanto o más milagrosa me parece año tras año.


Así que decidí escaparme en mi visita de negocios, en el poco tiempo que me permitían mis obligaciones, para visitar esos parques invadidos por el sosiego, por el aislamiento de la civilización, y que son lo que en la actualidad constituyen los auténticos oasis de las monópolis de los negocios. Necesitaba respirar algo diferente a la tapicería cara de los hoteles, y a la moqueta recién cepillada. Necesitaba no ver más rostros desafiantes, ni con los que tener que jugar una partida de póker en ciertas ocasiones. Deseaba entrar en contacto con mi otro yo, con la parte de mi mismo que no es más que irracional e impulsiva, y se permite el lujo de llevarse por los impulsos naturales. La visita al jardín botánico era ideal para iniciar el encuentro con mi auténtico ser y olvidarme en mi soledad de mis absorbentes ocupaciones.

Tomé un taxi y con celeridad me transportó hasta la entrada de un amplio parque cuyo muro o frontera se extendía centenares de metros delineando perfectamente hasta dónde llegaba ese pequeño paraíso ahora hibernado. Sólo los árboles de hoja perenne mostraban en parte la imponente espesura de ese entorno. Salí del taxi. De inmediato una bocanada de aire exhalado por la hierba y arbustos del lugar mezclado, eso sí, con restos de gasoil quemado, me fue ofrecida como prueba de la proximidad a un pequeño bosque en medio de la urbe. A lo lejos se adivinaba un gigantesco invernadero que sobresalía entre la copa de los más altos árboles. Sin duda, dada la época del año y mi afición a las plantas tropicales y sub-tropicales, el invernadero iba a estar en mi ruta. Y hacia allí decidí dirigirme directamente.


Disfruté de un paisaje en plena quietud, tan sólo azorado por el viento ligeramente cortante que de cuando en cuando me recordaba que áun los días eran demasiado cortos como para hinchar de vitalidad y hacer brotar innumerables hojas de los árboles que, ahora podados, esperaban el momento de amarse los unos a los otros y realizar ese obsceno despliegue de esperma aéreo que es la polinización, auténticas eyaculaciones volantes que provoca la fecundidad de esos mágicos seres atenazados al suelo, cuyas formas, texturas, tonalidades cromáticas representan el mejor adorno que la tierra se merece. Y yo estaba disfrutando de ello en mi imaginación, sintiendo cómo podría ser ese espectáculo que a los animales nos suele pasar desapercibido, pero que para los seres del reino vegetal representa una gigantesca orgía repleta de éxtasis cada vez que un grano de polen alcanza el pistilo de una de las flores. Debía ser maravilloso presenciar en ese parque botánico ese efervescente e intangible fenómeno.


Entretenido por esos pensamientos y mi vista recreada por el panorama variado, repleto de rincones singulares, en donde ciertamente una pareja de amantes podría perderse con facilidad y hacer el amor con una naturaleza transmisora de vida, llegué con subjetiva celeridad a mi destino programado. El invernadero estaba frente a mi, en una intempestiva y vespertina hora, donde la soledad del parque era la mayor presencia que se podía percibir. No obstante, percibí una invisible y agradable presencia que me  llamó la atención, pero que al no ser perceptible por mi vista de modo evidente, le perdí el interés. Entré en el núcleo de ese parque, representado por el cálido receptáculo en el que ya estaba entrando. Tuve que desprenderme de inmediato de las prendas de abrigo que llevaba y remangarme la camisa,… una poderosa y súbita sensación de verano se apoderó de mis sentidos, cuando aún estaba deambulando por el pasillo principal del invernadero. Mis pasos eran lentos y escrutaba con la mirada todos los colores de las flores tropicales, siempre en vida, con esa atemporalidad de los trópicos que hace eternas las estaciones del año, completamente inexistentes. Dejé mis prendas sobre el tocón de lo que fue una palmera. Me abrí uno o varios botones de la camisa,… el calor del entorno mezclado con la humedad del ambiente provocaba una sensación de desasosiego térmico que sólo sabía combatir con un ligero grado de desnudez.


Las enormes hojas de las monsteras, los troncos de bambú, las encarnadas inflorescencias de los lirios de la China, la contundencia de los troncos de las palmeras de Cuba, los ficus de todas las especies, variegados o de hoja lisa, de hoja grande o pequeña y muchas otras especies que no acertaba a identificar por el alto grado de exotismo, creaban el paisaje que necesitaba que me recreara. Mi mente descansaba invadida por lluvia de  clorofila que se suspendía sobre mi y que rodeaba todo mi cuerpo, una vez me hube aventurado en un pequeño sendero artificial y simulaba explorar un artificial mundo virgen.


Entonces oí unos pasos quebrando las húmedas hojas. Unos pasos que me evocaron por un momento la sensación de compañía que tuve hace unos instantes. Me detuve, y pude entrever una sombra delante de mi. Parecía una silueta femenina, pero sin seguridad. La seguí, y percibí que me esperaba. Lo confirmé una vez hube iniciado mi caminar, y la perdí de vista otra vez más. Me volvió a esperar. Y en  cuanto estuve al alcance de su vista, prosiguió en su guia. Pude ver el brillo de sus ojos. Pude ver el color de su cabellera, el tamaño de su melena, al estar cada vez más cerca. Y mientras tanto el calor se convertía en más y más atosigante, pues el camino se estrechaba y las hojas se cerraban a mi alrededor, acariciándome y haciendo que sintiera una incipiente y tenue curiosidad fácil de confundir con invisible deseo.


Entonces llegué a un pequeño claro donde te vi. Te vi en tu entera desnudez. Y tus ojos me buscaban ávidamente. El mismo calor, la misma humedad que pertenecía a esa burbuja de vida, te pertenecía, se respiraba en el ambiente, percibía el aroma de tu sexo ya desplegado en el aire que respiraba y transportado por las minúsculas partículas de vapor que provocaban ese mismo clima pegajoso, en el que sólo se podía sobrevivir desnudo, como tu lo estabas.


Te acercaste y tu misma te dedicaste a acicalar mi cuerpo desvistiéndome, mientras me besabas en cualquier parte de mi cuerpo, ofreciéndome con tus labios el agua que necesitaba para combatir el sofocante calor. Aún no acabaste de desnudarme, de dejarme en tus mismas condiciones, cuando ya estaba abalanzado sobre ti y sensualizado por completo. Los lóbulos de tus orejas, donde reside un nervio reflejo de cualquiera de los órganos de tu cuerpo de acuerdo con los acupuntores, fue lo primero que decidí libar de ti, insaciablemente. Mientras alcanzabas a magrear por encima de mi pantalón mi sexo que luchaba por emerger al exterior. Decidiste darme un pequeño castigo, provocando de esa manera mi erección mientras te acariciaba de modo virtual todo tu cuerpo con mi lengua, en uno y otro lóbulo. Arremetiste con tu delicada mano entre mi vientre y mis pantalones, pues querias palpar primero el sátiro órgano del que deseabas su placer, el que él pudiera disfrutar, el que él te pudiera hacer disfrutar. EN cuanto percibiste su contacto, en la oscuridad de su encierro, te mordiste los labios, coincidiendo con mis besos arrojados sobre tu cuello. Mis manos no se quedaban quietas, te erosionaban suavemente tu espalda, mezclada con tus cabellos, te cercaban los senos, cimbreándotelos, pinzandolos con un dulce pellizco, mojado en tus propias esencias de tu boca, pues presenté brevemente mi dedo para que lo felaras por unos segundos. No, no me parecía extraño verte allí. Te confundías con la naturaleza del momento, me fuiste conquistando mis débiles instintos desde el seguimiento que me vi instado a realizarte, y mis propias necesidades momentáneas y permanentes me incentivaban inequívocamente a desplegar mi mejor repertorio para otorgar placer.


Te devoré la boca, palpandola y bebiéndola por completo, como tu hiciste conmigo. Te tomé por tus mejillas y las acaricié mientras te saboreaba, mientras deshiciste a mi falo de su prisión condicionada al dulce sufrimiento que tu quisieras aplicar. Me enardece sentir un bucal falo femenino capaz de ser felado. Me eleva hasta el extremo de tener que alcanzar tus nalgas y apretarte fuertemente contra mi torso. Nada me alienta más que tu, y sentir tu ácida piel sobre la mia, el saber que tu epidermis se confunde con la mia. Y sobre todo el sentir cómo asciende y desciende, cómo se pliega y despliega la protección de mi sexo, la que se humedece por sí misma con sus salados fluidos, y que tu ahora ayudas a que se sienta completamente complacida.


Mis manos se sienten completamente hipnotizadas, y no cesan de perseguir recorrerte por completo,… tus caderas, tu vientre,… necesito explorarte insaciablemente, necesito devorar por completo toda la superficie de tu piel, … Y ansiaba oir este sueño de palabras, en un susurro de ensueño, mientras acercabas tu boca a mi oido a la vez que me acariciabas la nuca:


-         Haz conmigo lo que quieras.


Esas palabras detonaron mis instintos y provocaron una conflagración de deseo dentro de mi. Mi alma entera se hinchó de pasión por ti, por tu ser, bellamente adornado con ese cuerpo, enteramente relleno de un núcleo de sensual lujuria y morboso vicio. La combinación espiritual que perturba como nada mis sentidos, mi esencia de animal follador, mi impulso libidinoso, mi mejor erotismo. De inmediato te diste la vuelta sobre ti y me ofreciste una mejilla imposible de ofrecer si no me muestras también tu espalda desnuda, sólo vestida por tus cabellos, mientras me mirabas de reojo. Y te inclinaste ligeramente hacia delante, en un sugerente gesto que multiplicaba tu provocación.


Me abalancé sobre ti, ubicando mi falo entre tus piernas, mis brazos sobre tu vientre, abrazándote,… palpando de nuevo tus senos y comprobando que su tacto no es una fantasía, comprobando brevemente que tu humedad no es la misma que exhalada por el trópico artificial que nos acoge a la par que lanzas un breve gemido, recibiendo las gotas del sudor de tu espalda y lubricando mis ansias con ellas… Entonces me derrumbé, tu sexo magnetizaba mi boca, la atraía hacia sí, estiraba mi lengua hacia tus ingles desnudas,… mis manos abrazaban el dorso de tus pies, tus tobillos y tus deliciosos gemelos, dirigiendose hacia el norte de tu cuerpo mientras tus gluteos eran devorados por un leve mordisqueo de tus dientes y mi boca bebía el agua condensada sobre tu cuerpo. Mis manos y boca, una vez alcanzaron la misma latitud me ayudaron a acceder al lugar donde atesoras tu femineidad, la una, y a libar el néctar que éste guarda y produce celosamente, la otra. Qué deliciosa fragancia la tuya,… qué musicalidad la que tienen tus quejidos que van acompasados por el repertorio de los azotes que te entrego con mi lengua desplegada, … qué segunda boca con dobles labios que posees, que me aleja de lo mundano y me acerca a lo glorioso,… qué efecto que tienen mis dulces succiones sobre el epicentro de tus placeres, que baño con mis propio néctar,… qué tacto el de tu propio invernadero, cálido y húmedo, albergante de vida , en el que yo fundaría un mar si fuera capaz de que me permitieras destilar todas y cada una de las gotas de tu dulce y salada esencia cada vez que yo quisiera ser el artífice de tu placer.


Tu silencioso placer lo interrumpo por un breve lapso de tiempo que dedico a frotar mutuamente nuestros sexos uno frente al  otro mientras vuelvo a relamer esas comisuras que me devuelven al manicomio, y mientras mis dedos toquetean, magrean y se  deslizan por el paraíso de tus nalgas y el delicioso bocado de tus pezones, y tus pechos. Me encanta beber de tu boca, deslizarme por tus encias, chocar contigo nuestras sonrisas, mientras tu saboreas tu propio sabor de mujer. Mi verga cada vez más hinchada por la excitación está ávida de explorar tu calor, pero no por ello cesa de pacientemente frotar su húmeda cabeza contra tu turgente sexo, con una lentitud que se recrea en el morbo de sentir el contacto entre los pedazos más sensibles de nuestra piel. Sabemos ambos que con un simple y acelerado cimbreo ambos podríamos desfallecer en breves instantes. Pero ambos sabemos que deseamos dilatar nuestro deseo, nuestro encuentro y sabemos que deseamos que el deslizamiento entre ambos sea de larga elongación, y de eterna duración. Esa razón es la que me empuja a lamerte, ahora como un animal ansioso por poseerte. Te propino mis mejores lametones sin ninguna clase de aprensión, sin ninguna clase de pudor, sin ninguna clase de miedo a acelerar exacerbadamente tu llegada al orgasmo que quiero entregarte, sin ningún temor de invadir todo tu ser de lujuria, de al más elevada y viciosa lujuria, de la que te hace sentirte tan deseada como ansias pongo en cada uno de los despiadadamente placenteros lametones que te propino. Me siento completamente repleto de vicio en estos momentos, enteramente vivo como la verga que visto y que erijo hacia el exterior de mi cuerpo, como una prolongación deseosa de refugiarse dentro de ti, una y otra vez. Esa misma emoción es la que proyecto con mi lengua contra tus ingles, tus labios, tu periné, tu clítoris, y con mis dedos, dentro de tu vagina, eternamente lubricada.
Ahora gimes sin cesar y en la penumbra del cálido lugar te dejas poseer por mis habilidades, lo deseas, te enardeces. Te miro, con esa mirada mia que te folla con el deseo que me haces sentir, mientras tu sexo es exprimido de placer, es succionado, relamido y salvajemente felado en un preámbulo en donde ya hundo por completo mi perversa nariz en el interior de tu coño, tornando en viciosamente erótica la experiencia.


-         Te gusta, cariño? Gime si te gusta
-         Mmmm, siiiii,….Ahhhhh,…..
-         Si te gusta de verdad, pideme más…. Pidemelo ….
-         Ohhh…. Maldito,… quiero más,… maldito ….
-         Me encanta que tengas un sexo así de hambriento para los besos…. Dime cómo te llamas mientras te corres y te entregaré más placer.
-         Me llamo…
-         No,… aún no,… mientras te corres,… dime tu nombre cuando te convulsionen las piernas, el cuerpo,… cuando te vuelvas loca de placer…. Y dímelo gritando.
-         Eres… perversamente morboso,…. Ohhhhh, ohhhhh,…. Mmmmm
-         ¿Cómo te llamas? Dímelo pronto,… antes de que yo me corra con tanta excitación,… con tanto deseo que te tengo, desconocida mujer de mis ensueños,…
-         Mmmm,… maldito,… cómo me devoras,…. Qué bien lo haces,…. Sigue haciendo conmigo lo que tu y tu boca quiera,…

-         Slurp, slurp, mmmm,…. Ahhhhh,…. Si, eso pienso hacer, déjate llevar por la sensación de sentirte deseada,… mi polla está chorreante de lujuria por follarte,…quiere hundirse dentro de ti,… quiere rozar todos los repliegues de este delicioso coño tuyo,….
-         Mmmm,…. Mi nombre es…. Ahhhhhh,…. Diosssss,…. Esssss……
-         Córrete cariño,….
-         …esssssss mmmmmmm,….. mmmmffffff…..
-         Convulsionate….
-         Mmmmm,….
-         Quiero saber tu nombre – Dije sin dejar de lamerte fuertemente, y succionar con abundante saliva tu clítoris, rodeado por mis labios, mientras mis dedos juguetones se introducen frenéticamente en tu encharcado coño.
-          Mmmmffffg….. aaagggghhhhh, …. Mmmmmfff
-         Mi polla está lista para ti,…
-         Mmmm,….
-         Dímelo,…, tu nombre,…. Mi polla será tuya y te envenenará con su esperma,…
-         Bárbara
-         Sigue corriendote,….
-         Bárbara,…. Siiiiiiiii,….. si, si, …… mmmmmm
-         Ohhhh,…. Me inundas el rostro de tu placer,… mmmmm,… exquisita mujer…. Bárbara
-         Mmmm,… no pares mmmm, no pares,… sigue….
-         Pues entonces,…. Toma mi rabo y juega con él…. Eso es lo que quiero hacer contigo….


Entonces nos dedicamos a un 69 delicioso,… con tu indecente humedad sobre mi rostro, con mi indecente polla dentro de tu boca, que se había tornado viciosa y salvaje, enardecida por el orgasmo. El aroma a tierra húmeda desapareció a partir de entonces para nosotros, completamente entregados a nuestros mutuos insaciables deseos. Mientras yo te aplicaba un regenerador, dulce y suave masaje con mi lengua, esperando el momento de volver a repuntar tu rubor, tu me lamias con la fuerza de una loba mi encarnado capullo, como si no existiera en la tierra ningún otro manjar más. Me deshacías mi cuerpo entero en mil placeres que derretían mi ser entero, mi faceta de macho fornicador,… con esa lengua maldita que conocía por misterio todos los puntos donde mis terminaciones nerviosas eran capaces de captar y propagar el mayor de los placeres. Tu boca parecía en estos momentos nacida para dar el placer que me estabas dando,… indescriptible y enloquecedor placer,…
-         Bárbara, eres una diosa,… tu boca entera es una diosa,… me envilece las pasiones,… me destroza mi esquema hormonal y me hincha mis pasiones hasta límites insoportables,… me vuelves loco, loco,….
-         Yo también te voy a romper la mente con un orgasmo como el que acabo de tener,…
-         Rómpeme de placer,… agrieta mis sentidos y haz que me convierta en un diablo fornicador,….
-         Eso es, lanza tu veneno,… mmmm,… mmmm,…. Mmmm,… ahhhh,…. Que deliciosa herramienta tiene el diablo,…. Que morbo me da….
-         Me matas de gusto,….
-         Matame otra vez,…
-         Mmmmm,…. Si, Bárbara, voy a matarte de nuevo,… mi lengua vuelve a arremeter contra ti. Sientela,…
-         Mmmm,…. Siiiii,… la siento,… la noto de nuevo,…. Mi sexo está caliente por ti,….
-         Ohhh,… diossssss,…. Que perdidamente caliente que me ponen tus palabras,…. Ardo en deseos de poseerte,… de clavarte mi cimbrel en el volcán de tus placeres,….
-         Mmmmm,… deseo tu lengua, tu boca, tus labios sobre mi,… y deseo que tu juguete me penetre,… hazlo,… metete dentro de mi vientre, y escupe tu néctar dentro de mi,…


Aquello era demasiado,… Bárbara, eres caliente y dulcemente salvaje, me puedes, me inflamas mis fantasías, mis ansias de fornicarte hasta límites que yo creia inalcanzables. Te puse en pie y te tumbé sobre un lecho de hojas que refrescaron tus sudores y calores proporcionandote un inesperado bienestar. Allí, frente a ti, contemplando tu caliente mirada, tu gesto maquillado por el lujurioso placer, mientras mis manos te palpaban y magreaban con contundente delicadeza, pero buscando la máxima excitación sobre tu piel, te penetré hundiendo mi utensilio del placer, empezando en un lánguido vaivén, prosiguiendo con un ritmo acompasado con tus gemidos, usándolos como cronómetro del placer. El calor de tu interior y los masajes de los músculos de tu vagina creaban el entorno sexual ideal para inflamar aún más mi polla, para facilitar el convertirla en un demoníaco falo, un enamorador del vicio femenino, un loco sátiro cuya única habilidad es fornicar,… Así me ponías, así me pusiste.


El ritmo de mis embestidas era fuerte, pero yo necesitaba taladrar y martillear esa chorreante casa del placer que tenias entre tus piernas, hasta que perdiera el sentido contra mi voluntad. Me esforzaba por resistir, por sobrevivir a un inevitable derrame,… pero antes necesitaba ensayar cuán placentero podía ser el frotamiento de mi capullo con el fondo de tu coño, para lo cual necesitaba una penetración cada vez más profunda y necesitaba hincar más centímetros de mi polla dentro de ti. Coloqué tus piernas sobre mis hombros, y sumergí mi cipote de diablo humano enteramente dentro de tu cueva,… te apliqué mis más duras embestidas,… me permitia el lujo de quedarme dentro de ti por instantes, para luego arremeter como un toro desbocado, con mi dura polla erosionando las terminaciones nerviosas de tu vientre, con mis dedos palpando inmisericordamente tu clítoris, robandote la capacidad de resistir a la llegada de tu orgasmo, al que me aplico elevando el tono de mis embestidas cada vez, sin cesar el bombeo, sin detenerme, incrementando, con las vibraciones de mis dedos, la excitación de tu sexo, azotando cada vez más los nervios de tu vientre con mi batiente polla, completamente embadurnada en tus fluidos,…  Acaricio tus piernas,… acaricio tus pechos, acaricio tu boca, con mi mano libre, envolviendote así en un leve halo de lujuria que encapsula el vicioso placer con que te arremeto. Te solicito morboso permiso para involucrarte dentro de otro de mis regalados orgasmos:
-         Bárbara, ¿no quieres que haga contigo lo que me plazca?.... Pues, por favor,… córrete de nuevo,…
-         Mmmm. ,… entregame más de ti, rocia tu semilla de macho sobre mi piel, lámeme por donde quieras,…. Fóllame, fóllame,…. Fóooollame.
-         Siii,…. Siiii,…. Eso quiero, follarte una y otra vez, sin que se termine este momento,….
-         Mmmm,… mantenme dentro de los dominios de tu falo que me hechiza,…
-         Nada hay como la magia que tu sabrosa almeja transfiere a mi verga eyaculadota,… me pierden tus curvas, me deshago por bebermelas, por montarte incesantemente en todo momento….
-         Condenado hombre endemoniado,… ¿qué me haces con tu polla que me tienes sumida en un vórtice de placer del que no quiero salir?
-         Poseerte, poseerte con la energía ilimitada del reino de la lujuria,…
-         Tómame…
-         Te poseo,… mi ser se fricciona contigo dentro de tu paraíso interior,…
-         Dulzura,…
-         Si, dulzura y desasosiego por el tremendo deseo que te tengo,… observa cómo te embisto… mira,… mira, mis culeadas….mira la suavidad de mis embestidas, mira,… observa,… otra,… y otra más…
-         Eso es lujuria…
-         Eres lujuria,… estos pechos tuyos que ahora toco son lujuria,…
-         Mmmm,… si, tocame entera sin dejar nada de mi sin tocar.
-         Y este clítoris que tienes,…. ¿te gusta que te retoque así? ¿Te gusta que esparza tu humedad sobre tu encendido y ardiente coño?
-         Y tu polla….
-         Mi polla es para tu placer, Bárbara… disfrutala,… vamos,…. Disfrútala, sientela como la hembra que eres.
-         Me estás matando de placer,….
-         Muere de placer, Bárbara,… muere,…
-         No te detengas….
-         Pues entonces,… toma este falo endemoniado, encendido, desbocado para ti,… sientelo y goza, …. Disfruta los placeres, toma más,… más,… haz que la boca de tu coño se trague esta verga enrudecida, esta vara de hierro y que siga su ascenso hacia el cielo, hacia el éxtasis.
-         Devora mi sexo con ese instrumento de lujuria que tienes entre tus piernas,…
-         Siiiii, eso deseo,…
-         Devoralo,….
Mis embestidas eran cada vez más fuertes, cada vez más desafiantes, y cada vez te enervaban y erizaban más la piel. No cesé de repiquetear contra ti, contra el cuello de tu útero mientras mis testículos golpeteaban contra la entrada de tu caliente y húmedo sexo. Insaciablemente me pedias más, más y más, y toda mi polla a punto de reventar de placer se contenía para mantener su máximo de hinchazón y hacerte así más placentera la llegada del desbocamiento de tus sentidos.


-         Bárbara, córrete ya,… ¿sientes mis bombeos?
-         Ssssshhiiiii
-         ¿Sientes mi polla dura taladrarte?
-          Mmmmffppppffff
-         ¿Notas mi pene erguido buscando saciarte de leche?
-         Ohhhh… mmmmpffff
-         ¿Quieres que te rellene de mi nectar?
-         MMmm,….mmmmm,….mmmm,… Ssssiiiiiiiiii, quierooooo
-         Entonces ábrete bien,… agarrate las piernas con tus manos y ofrécete a mi,…
-         Ohhhmmmm…. ¿Asíiii?
-         Siiiii,…. Así, y ahora voy a inyectar mi salvaje esencia de diablo dentro de ti,…. Resiste,… resiste mis contundentes caderazos,… refrescate con el aire de alrededor el calor que te van a inyectar mis turbulentas pasiones, mis desordenados pollazos, mis efervescentes y encrespadas emanaciones,… recibeme con todo tu celo de mujer,…
-         Mmmmm,… Ohhhh,…. Si,…..Siiiii
-         Abrete bien, muestra tu flor sexual, deja que te clave mi venenoso aguijón en el centro de tu diana,….
-         Maldi….tooooo…..
-         Eso es,….
-         … mmmmeeee….
-         Siiii,…..
-         …. Cooooooorrrrrrrrrroorooooooooooooo!!!!!!!
-         Siiiii…..
-         Ahhhhhhhggggggg
-         Siiiii,…. Mássssss,….. Córrete másssss
-         Ummmmmmmssssssss,     aaaaaarrrrrggggg


El nuevo éxtasis era superior, era infinitamente mejor que el anterior,… tu vientre se seguía revolviendo de gusto, se seguía convulsionando porque mis caderas seguían empujando para que mi simiente fluyera enloquecida en tu pos. Notabas la creciente rigidez de mi miembro en tu interior y sabías que mi esencia saldría pronto de mi, que ibas a saborearla pronto,… Me sentía enloquecido, deseoso de descargarme por completo, deseoso de desearte y completamente enfebrecido porque la locura que produce tu cuerpo, y tu morbo de mujer recién orgasmada a la que ansío más placeres, me impulsaban a deslizarme dentro de ti,… sin sosiego,… mientras mis  manos te acariciaban el rostro y mientras lamias tu propia esencia de mis propios dedos,…


De pronto te incorporaste para darme un abrazo y seguir completamente expuesta, para quedar en una posición en la que me podías besar a tu antojo y hacer que me sintiera completamente premiado con esos cálidos, viscosos besos tan repletos de lujuria , y que, no se cómo lo averiguaste, tanto me encienden mientras remato a la hembra que está bajo mi posesión. Entonces me tomaste de la cabeza y te dirigiste directamente al centro neurálgico donde se gestan mis delirantes orgasmos, para hablarle…con susurros adheridos a mi oido:


-         Mi coño desea que te corras,… fóllatelo como quieras, dice que es tu posesión,… que disfruta como una maldita, quiere que repiques sobre él una y otra vez…. Vamos dile a tu cipote que el fondo de mi coño está viciosamente encadenado al gusto que le produce el contacto profundo con tu capullo hermoso.


Aquello era una declaración con una clara voluntad de enardecerme de forma salvaje y ordeñar mis bolsas de néctar.



-         Vamos, soy tuya, mi ardiente almeja desea ser bañada en tu espeso y viscoso semen, quiero que tu falo escupa dentro de mi vientre infinitas réplicas de tu diabólica semilla, quiero que me proporciones un bautismo de lujuria dentro de mi, quiero que me bombees como si dentro de una hora el mundo desapareciera, quiero que te metas dentro de mi con tu sexo y que me rellenes de nuevo con el más exquisito alimento del paraíso, quiero que tu cuerpo se electrice cuando descargue sobre mi el colosal reguero que sabes emanar, quiero beberme y libar con mi coño hasta la última gota que descargues,…. Fóllame,… animal, fóllame….


Aquella arenga era demasiado, por lo inesperadamente caliente, por el ansia por fornicar que tenía aquella diosa,… mi cuerpo se entregaba desacompasadamente al bombeo, al folleteo descontroladamente salvaje, a la libido, a la voluptuosidad, sin remedio, sin poder de control, sin necesidad de ir hacia atrás, sólo hacia a delante, hacia a delanto, tal y como mis ráfagas de esperma eran catapultadas, una tras otra, la otra tras la una,… perdiendo el sentido, jadeando entre tu cuello y tu hombro,… perdidamente vacío,… y tu, sientiendote mujer por haber recibido mi fuerza, materializada en esa esencia en la que ahora nadamos abundantemente,… Y nos abrazamos lánguidamente para otorgarnos una tregua,… una pequeña tregua antes de volver a recobrarnos y despertar con más furia de amantes.

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