miércoles, 13 de abril de 2011

Manto diabolico de lujuria y placer (Depravata)

Aquel día volviste pronto a casa,…por lo que decidiste arreglarte y dar una vuelta antes de ir a cenar,…El día había sido duro, demasiados problemas… preferías despejar la mente un poco. Nada como un paseo por la calle mojada, justo después de la lluvia…Que alentador aroma a aire fresco, húmedo y limpio,…Las gotas aún por caer de los tejados de las casas y los edificios,…aquel silencio nocturno que ahora se reproducía por el día, que permitía oir las propias pisadas sobre la calle,…El ambiente desde luego era propicio para relajarse y dejarse llevar. Sin duda te alegrabas de aquel paseo.

Poco a poco iba entrando en calor el resto de la civilización, pues cada vez se percibían más transeúntes por las calles,…algún que otro vehículo en movimiento que rompia el silencio original te sorprendía y te indicaba que la paz no iba a ser duradera para siempre. En algún momento esta tranquilidad debía desaparecer, te decías. Sin embargo eso no representaba ningún obstáculo para seguir tu caminar por la ciudad, ya entrando en penumbras, con esa luz que compensaba la pérdida de reposo por el incipiente despertar nocturno. Te sentías muy a gusto relajada, sola, andando sin más. Te dejabas llevar por ti misma a donde tu instinto de exploradora quisiera llegar. Decidiste no regresar a casa e y aventurarte allá donde el azar te llevara.

Los primeros neones revelaron que la entrada de la noche no se haría esperar demasiado, y el aumento del tráfico mostraba que la vida había por fin aparecido de manera definitiva. El murmullo de la urbe estaba despertando. Se veían a gentes marchando arropadas de un lugar a otro, con desplazamientos urgentes, por la posible lluvia que pudiera restar. Y de repente te distes cuenta, ante tu despistada distracción, de que la oscuridad de la noche había llegado.

Y allá vistes a tu demonio. Aquel con el que hacías el amor en tu sueños todas las noches y que se apoderaba de tus instintos. Fugazmente. Sólo un soplo. Y desapareció.


Cruzó un vehículo ante tus ojos y eso fue todo. Te sentistes turbada. Sólo era tu sueño. No podía estar allí. Eso te impulsó a seguir, pero esta vez con una misión entre las piernas. Te sentías algo alterada y nerviosa. Temblabas no se sabe si de emoción o de placer. Daba igual. Era tal el magnetismo que emanaba esa imagen que te capturó hipnóticamente y programó tu instinto para ir detrás de él. Tu demonio, maldito objeto de tus placeres.

Cruzaste la calle, intentando recuperar tu control para no ser atropellada ni tropezarte con nadie. Y llegaste allá donde creíste verlo. Sólo sentías una especie de vacío al no encontrar nada, una sensación de desasosiego con la que tenías que luchar, para retomar tu camino hacia él. Pensaste en el camino que él seguiría y marchaste decidida en su pos. Cruzaste calles largas, oscuras e iluminadas, silenciosas y ruidosas, perfumadas y malolientes, siempre con el reflejo de la lluvia matizando los colores nocturnos de la calle. ¿Sería un reflejo? No, pensaste, lo viste. Escudriñaste todos los rincones que él habría elegido para fornicar contigo…Pero no lo encontraste. Tus temblores iniciales dieron paso a una calma temporal y a un cierto estado de frustrada emoción…Sólo tus piernas eran testimonio de tus recientes emociones…
Finalmente abandonaste tu búsqueda, infructuosa búsqueda,…Pensaste que sólo era una ilusión de tu imaginación,…demasiado casual encontrarte con el hombre que enervaba tus placeres más íntimos, el único que comprendía por dónde querías ser amada y que sabía aleccionarte en la lujuria y en las pasiones. Regresaste de nuevo al mundo real, y pensaste que ya que estabas tan encendida, te merecías llevarte aquella noche a tu cama a un macho, el que más se pareciera a tu diablo penetrador, y también a una buena hembra tan viciosa como tu, como buen tributo para él.

El preámbulo de la vida nocturna ya había pasado, y elegiste un local conocido por ti para indagar en su interior. Te extrañó ver que la fachada no tenía la misma apariencia de siempre, pero seguías reconociendo a ese lugar como el que era antes. El vigilante de la calle era otro, y extrañamente te dejó pasar como si te conociera desde siempre. Ni te miró e hizo un ademán de saludo, mientras seguía mirando al frente, cazando al que no le gustara. El ambiente del lugar había sido remodelado…todo el local estaba alumbrado con una visible penumbra que permitía distinguir más detalles de lo que era normal.

Las gentes charlaban, reian, por doquier, mientras una música tribal que traspasaba el cuerpo bombeaba latidos de sonido al ambiente. Te fuiste fijando en las chicas, en los chicos,…muchos guapos, algunos bastante resultones,… ibas eligiendo tu caza y pensando tu estrategia para el momento, pero no tuviste elección….

Tu demonio estaba allí. Mirándote a ti. Te sobrecogiste. No podía ir lejos. No apartaste la mirada por miedo a perderlo. Tus piernas, tus brazos, tu corazón temblaban y se aceleraban, inyectados en adrenalina. La sabia droga del placer y de la excitación. No podías moverte, no querías. Querías saborear el momento, mareada por la emoción. No existía nada más. Tu eras de él. Tu le entregabas tu lujuria y sabiduría de zorra. No podía ser cierto. Tu demonio de ensueños encarnado frente a ti.

Mil escalofríos más recorrieron tu espalda, tu emocionada espalda al verle acercarse. Tu momento. Te seguía mirando. Te sentiste lánguida y débil. Desnuda. Poseida con la mirada. Deseada hasta lo más profundo. Arrebatada de voluntad. Imposible dejar de observar aquellos ojos, inteligentes y perversos, que todo lo podían de ti…sin rozarte. Su aproximación…eternamente deseada, su boca…mmm, su boca. La tenías por fin delante de ti, entreabriéndose,…lentamente, como en tu sueño,…abriéndose más, para ti, sólo para ti, hipnotizada,…ofreciéndote la lengua, que no evitaste saborear…tu primer contacto con él…como lo habrías hecho con una mujer,…el sabio diablo que averigua todas tus apetencias y deseos,…tuyo.

Se apartó unos centímetros, que a ti te parecieron millas, para acercar sus manos a tu cuerpo, y tantearlo sin roce alguno, sin palabra alguna,…lo notabas deseándote y magreándote a distancia, eso era el poder de Satán. Maldito demonio telepático del que no se puede escapar. Ni en sueños te escapas a su influencia. Por encima de tu ropa notabas cómo accedía hábilmente a tu sexo, húmedo sexo, mientras te miraba con dominio y lujuria. Su dedo hacía pequeños círculos en torno a tu empapado coño, rotando en un masaje enloquecedor alrededor de la abertura de tu cueva, todo sin desnudarte, sin quitarte ninguna prenda, manteniendo la máxima de las intimidades.

Y te metía su arqueada lengua en tu boca, recorríéndo tus encías, las comisuras, mientras tanto, no sabes cómo, te lamía tu excitado cuello. Lengua que se convertía en falo del diablo en cuando uníais vuestras bocas, exquisito cipote que se convertía en lengua y que no podías resistirte a mamar. Boca que era capaz de convertirse en sexo femenino a tu contacto, o en boca de mujer,…Un beso de éxtasis…que logró culminarte.

Tu demonio había venido a visitarte y te llevó hasta un lugar más apartado,…los aseos de hombres…primero quería saborearte los flujos de tu orgasmo, allí delante de todos los que pasaban,…te sentías una ramera, una zorra que sólo ansiaba sexo, …Tu demonio te había quitado el abrigo, bajado las medias y las bragas, y tu, apoyándote frente al espejo pusiste el culo en pompa para que él te lamiera,…te pareció sublime,…la mejor lengua que jamás había acariciado tu raja caliente,…abrías la boca jadeando escandalosamente, suplicando más placer,…su boca, alrededor de tu cueva, parecía no tener fin, ni en extensión ni en duración,…la única lengua que pudo encontrar capaz de penetrar ano y lamer tu clítoris,… Entonces no te pudistes contener,…lanzaste tus chorros de orina caliente sobre el rostro de tu amado diablo, quien recibió tamaño regalo con una soberana carcajada,…Te sentías liberada y a la altura de las ninfas del infierno, como ascendida a una mayor categoría de puta,…Cuando acabaste de chorrear, suspiraste con más deseo…Y justo después tu demonio se irguió…lo viste a través del espejo,…Te penetró en tu chorreante coño con su inhumana verga,…sin contemplaciones, y vistes cómo te fornicaba desde atrás y su gesto de alma bombeadota…Se paraba y te arremetía una y otra vez,…sentías su capullo hincharse en tu vientre, estimulando hábilmente tus paredes vaginales de una manera imposible,…y así arrancó tu segundo orgasmo…Mientras en el baño, varios chicos se estaban masturbando sin que tu te dieras cuenta, … Hecho que no pasó desapercibido para el follador de tu diablo.

De repente él desapareció,…te dejó sola, indefensa frente a aquellos enardecidos machos,… tu instinto de concubina de Satán te instó a recoger mieles de placer da aquellas vulgares pollas humanas,…las lamiste como la mejor de las perras,…los hombres se retorcían de placer contigo,…mostraste toda tu maestría de puta, chupando tantos capullos, rodeándoles con tus labios y palpándolos con el frenillo de tu lengua, proporcionándoles un placer tan elevado como infernal.

Y gozabas de manera incontrolada, mamando y lamiendo,…y te llegó el tercer orgasmo a la vez que varios chiscates de semen salieron arrojados de aquel número indeterminado de vergas,…y otra oleada de leche, y otra,…a cada impacto, tu placer se hacía mayor, saboreabas el semen desparramado sobre tu cara y tu boca, tus pechos, tu vientre…los gritos de placer simultáneos simularon una oda a lucifer….

Y allá volviste a ver a tu demonio, agitando su venoso cipote hasta ti de nuevo, arrodillada. Esta vez saltaste sobre él y te pusiste a horcajadas, elevándote una y otra vez, con todo el cuerpo encubierto por corridas de macho, recibiendo todavía por tu espalda alguna corrida traicionera de alguien rezagado…tu presentabas tu lengua ante la posibilidad de atrapar al vuelo alguna gota de ese nuevo carajo. Gemías de puro placer, de puro éxtasis,..

Mientras follabas con tu diablo otra vez, fuisteis transportados al aseo de las féminas,…poco a poco el representante de Satán que te fornicabas iba hipnotizando a todas las mujeres allí presentes,…sentían todas deseos de adorarte y de que compartieras el semen del que estabas vestida, … varias lenguas iban recorriendo tu cuerpo en búsqueda del néctar masculino,…mientras todas ellas se iban convirtiendo en fulanas, que sólo te buscaban a ti,…te besaban, te acariciaban,…se convertían en sumisas esclavas tuyas,…abandonaste a tu demonio para ir con ellas y sentir el embrujo de ser palpada por gentiles dedos, manos, bocas, y de recibir ese baño de caricias,…una sensualidad extrema que hizo que se te erizara la piel y que consiguieras la excitación extrema…Qué dulzura. Te sentías envuelta en sábanas de seda, embrujada por la pasión…
Y despertaste. Allí en tu cama. Soñaste otra vez con tu diablo. Bajo un manto de lujuria y placer. Y seguiste durmiendo plácidamente, Bárbara, esperando volver a encontrarte en el mundo de los sueños con ese alma que embruja perdidamente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario